Mateo, recaudador de impuestos, tenia los ojos fijos en las monedas amontonadas sobre la mesa. Ante la presencia de quien creía ser un nuevo pagador, alzó la mirada hacia él y se encontró con un tesoro inesperado: con la misericordia que le negaba su entorno.
Al cruzarse su mirada con la de Jesús, cargada de perdón y de ternura, sintió que su interior se llenaba de una riqueza que le faltaba.
«Jesús, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos« (Mt 9,9)





