San Francisco Javier

Mateo, recaudador de impuestos, tenia los ojos fijos en las monedas amontonadas sobre la mesa. Ante la presencia de quien creía ser un nuevo pagador, alzó la mirada hacia él y se encontró con un tesoro inesperado: con la misericordia que le negaba su entorno. 
Al cruzarse su mirada con la de Jesús, cargada de perdón y de ternura, sintió que su interior se llenaba de una riqueza que le faltaba.
 

«Jesús, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos« (Mt 9,9)