El sembrador -Jesús- salió de la eternidad y se encarnó para regar los surcos de la humanidad con su sangre por la azada de la cruz, y sembrar su palabra en la tierra -en el corazón de la humanidad- para que ésta pueda poseer el Espíritu y dar frutos nuevos de una cosecha que vendrá
(Misa Dominical).
«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo para empapar la tierra y hacerla germinar« (Is 55,10)





