Con la cruz victoriosa de Cristo en las manos, para poner en ella nuestras heridas y caídas, nuestros dolores y temores, nuestras penurias y angustias…
Durante la cuaresma, conscientes de que estamos contagiados por el pecado, hemos caminado en la esperanza de ser «vacunados» frente al virus del egoísmo. Jesús,