Del “¡Ojalá, rasgases el cielo y bajases…!» al ¡Rasgad los corazones!
En el tiempo de Adviento, suplicamos a Dios: «Ven, Señor», Petición que el profeta Isaías expresa poéticamente cuando dice: “¡Ojalá, rasgases el cielo y bajases!” (Is 63).
Como contrapartida a este anhelo suplicante, en Cuaresma encontramos la petición que Dios nos hace a nosotros, y que en las lecturas hoy recoge el profeta Joel: “Rasgad los corazones”.
Aquella, la invocación del Adviento, y ésta, la actitud cuaresmal, componen la lógica del encuentro de la humanidad con Dios:
– Dios rasga los cielos y baja. Sale al encuentro del hombre
– El hombre rasga su corazón. Se abre al encuentro con Dios.





