Respira en mi, oh, Espíritu Santo,
para que mis pensamientos puedan ser todos santos.
Actúa en mi, oh, Espíritu Santo,
para que mi trabajo puede ser también santo.
Atrae, mi corazón, oh, Espíritu Santo,
para que sólo ame lo que es santo.
Fortaléceme, oh, Espíritu Santo,
para que defienda todo lo que es santo.
Guárdame, pues, oh, Espíritu Santo,
para que yo siempre pueda ser santo.
Amen
(San Agustín)
«Nadie puede decir. ‘Jesús es Señor’ sino por el Espiritu Santo« (1 Cor 12,3b)





