San Francisco Javier

¡Rasgad los corazones!

Queridos feligreses.

En el tiempo de Adviento, la Iglesia pide y repite: “Ven, Señor”. Petición que el profeta Isaías expresa poéticamente cuando dice: “¡Ojalá, rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!” Is 63.

A su vez, como complemento a este anhelo suplicante, en Cuaresma la Iglesia nos invita a vivir una actitud que el Miércoles de Ceniza recoge del profeta Joel: “Rasgad los corazones”. Aquella, la invocación del Adviento, y ésta, la actitud cuaresmal, componen la lógica del encuentro de la humanidad con Dios:

  • Dios rasga los cielos y baja. Sale al encuentro del hombre
  • El hombre rasga su corazón. Se abre al encuentro con Dios.

 

El primer paso de ese encuentro ya se ha dado. Lo celebramos en el tiempo de Navidad.

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer”, dirá san Pablo a los Gálatas (4,4).

Y la Cuaresma nos repite con frecuencia: “Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el tiempo de la salvación”, invitándonos a responder a esta iniciativa de Dios y conseguir que el encuentro se lleve a cabo.

Existen realidades que nos tientan a poner nuestros deseos por encima de la realización de ese encuentro. Nuestro corazón está tentado y tiende a ser:

  • egocéntrico: cuando pongo “mi persona como centro de todo”.
  • ególatra: cuando existe un “endiosamiento de la persona”.
  • egoísta: cuando “construyo” mi persona según modelos y criterios propios y no según los del Creador.

 

El corazón humano que se cree centro de todo, dios de sí mismo y propio creador, se cierra en un círculo que no le deja crecer. De ahí la invitación cuaresmal: “¡Rasgad los corazones!” y convertíos.

Con el deseo de una santa Cuaresma, os saludo.

Vuestro párroco. Eugenio Abad.

¡Rasgad los corazones!