Queridos feligreses.
En el tiempo de Adviento, la Iglesia pide y repite: “Ven, Señor”. Petición que el profeta Isaías expresa poéticamente cuando dice: “¡Ojalá, rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!” Is 63.
A su vez, como complemento a este anhelo suplicante, en Cuaresma la Iglesia nos invita a vivir una actitud que el Miércoles de Ceniza recoge del profeta Joel: “Rasgad los corazones”. Aquella, la invocación del Adviento, y ésta, la actitud cuaresmal, componen la lógica del encuentro de la humanidad con Dios:
El primer paso de ese encuentro ya se ha dado. Lo celebramos en el tiempo de Navidad.
“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer”, dirá san Pablo a los Gálatas (4,4).
Y la Cuaresma nos repite con frecuencia: “Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el tiempo de la salvación”, invitándonos a responder a esta iniciativa de Dios y conseguir que el encuentro se lleve a cabo.
Existen realidades que nos tientan a poner nuestros deseos por encima de la realización de ese encuentro. Nuestro corazón está tentado y tiende a ser:
El corazón humano que se cree centro de todo, dios de sí mismo y propio creador, se cierra en un círculo que no le deja crecer. De ahí la invitación cuaresmal: “¡Rasgad los corazones!” y convertíos.
Con el deseo de una santa Cuaresma, os saludo.
Vuestro párroco. Eugenio Abad.