Queridos feligreses.
Al estrenar el año, el 1 de enero, con la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, somos invitados a rezar por ella.
Es una jornada que instituyó el papa san Pablo VI en 1968. En aquellos años -los sesenta- el mundo vivía y sufría la guerra del Vietnam y la “guerra fría” entre EE. UU. y la URSS con el consiguiente miedo a una guerra nuclear
Pablo VI quería que empezásemos el año con un recordatorio positivo: si todos damos un paso hacia la justicia y la reconciliación, la paz es posible. Como decía él: la paz es el “nombre nuevo del progreso”.
Quería también que el primer pensamiento del año fuera la paz, y que después acompañara todas las decisiones y acciones a lo largo de todos los meses del calendario.
Después de él, todos los papas han hecho público un mensaje para esta Jornada Mundial de la Paz, tocando temas como la fraternidad, la no violencia, el respecto a la creación…
El papa actual, León XIV, ha titulado su mensaje de este año diciendo: “La paz sea con vosotros: hacia una paz desarmada y desarmante” (palabras que ya nos dijo en su primer saludo).
Desea una paz “desarmada”, es decir, una paz humilde y dialogante, que no se basa en el miedo, las amenazas o las armas acumuladas, sino en el respeto, la confianza y las buenas relaciones entre personas y naciones; una paz “desarmante”, es decir, la paz que desarma interiormente y que cree en la reconciliación; capaz de penetrar en las conciencias y de resolver conflictos, de abrir los corazones y generar confianza mutua, solidaridad y confianza mutua.
Rezamos cada año, al comenzarlo, por la paz; recemos cada día, al comenzarlo o terminarlo, también por la paz, esa gran necesidad que tenemos en el inicio de este siglo, como la tuvimos en el final del siglo pasado (Cfr. artículo original en misa dominical 2026/01).
Vuestro párroco. Eugenio Abad.