«¡Alégrate, llena de gracias!», te dijo el ángel Gabriel.
«¡Bendita tú entre las mujeres!», te saludó tu prima Isabel.
Virgen y santa María, ¿no oyes los gritos de júbilo?
Es el mundo que estalla en un canto por tu triunfo;
es el mundo que, alegre, ese mismo triunfo espera alcanzar.
«Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre» (Lc 1,42)





