Con las bienaventuranzas, Jesús sueña y anuncia de parte de Dios, un Reino en el que los que tienen un corazón sencillo, limpio, generoso, libre, pacífico y alegre, son los que en verdad han encontrado un tesoro, el de la felicidad.
«Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5,12)





