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San Francisco Javier

San Agustín, al comentar este texto evangélico, le dice a Pedro: «El Señor se inclinó y te tomó de la mano. Sólo con tus fuerzas no puedes levantarte. Aprieta la mano de Aquel que desciende hasta tí».
Se lo dice a Pedro y nos lo dice también a nosotros.
(Benedicto XVI).
 

«Empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano y lo agarró» (cfr. Mt 14,30-31)