Jesús, después de bendecir los panes y los peces, se los dio a los discípulos para que los repartieran. Con este gesto nos estaba diciendo a sus seguidores de todos los tiempos: Seguid provocando el milagro; el milagro de creer que es posible un mundo más justo y fraterno y poner todo lo que está en vuestras manos para lograrlo; el milagro de dejarse afectar por el sufrimiento ajeno y buscar los medios necesarios para aliviarlo» (cfr. Evangelio diario EVD).
«Y tomando los cinco panes y dos peces, los bendijo, los partió y los discípulos los repartieron» (cfr. Mt 14,19)





