«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor» (Sal 94), que nos habla a través de la corrección fraterna.
¡Cuánto bien nos puede hacer una crítica amistosa y leal, una observación delicada y oportuna!
No nos gusta que nos corrijan, pero ¡cuánto bien nos puede hacer!
Ojalá escuchemos la voz del Señor que nos puede venir a través de las palabras de un familiar, de un amigo o de cualquier hermano en la fe.
«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá» (Sal 94,8)





