¿Cuántas veces hay que perdonar? -pregunto-.
Me dices: 70 veces 7.
Y yo respondo: Eso es siempre, Señor.
Y te pregunto: ¿Cómo lograrlo, si el corazón se desangra por las deudas no cobradas; si el dolor manda en mi alma; si la mente vuelve, una y otra vez a la hora maldita de las heridas?, ¿cómo salir del laberinto de los agravios?, ¿cómo pasar páginas grabadas en la entraña ofendida?
(cfr. Olaizola. Versión)
Y además ¿por qué hacerlo?, sigo preguntándome.
Entre otras cosas, -me dice tu Palabra- porque el rencor y la ira son y nos hacen detestables.
«Rencor e ira también son detestables… Si uno no se compadece de su semejante, cómo pide perdón de sus pecados» (Ecclo 27,30,28,4)





